Las cosas que se dicen con tono de sabiduría y acento pesimista suelen interpretarse automáticamente como verdades.
Incluso aquellas que dicen tus autores favoritos, aunque suenen y resuenen tan bien. Pueden ser mentira, verdades parciales, o simplemente: pertenecer sólo a uno o algunos individuos. Y aún más: a uno o algunos momentos, de algunas vidas, de algunas personas.
Por eso, en contra del profundo ajuro, desmitifico.